


Esta jornada ha tocado una excursión a la sierra de Ávila, concretamente, la ascensión a la cumbre de La Serrota (2291 metros), ascendiendo por la cuerda en la que se encuentra el cerro de Valdehierro y la peña del Belesar. El pérfil técnico consistía en un itinerario de 1200 metros de subida y 20 kilómetros de distancia.
Sin embargo, el principal problema no fue ni la distancia ni el desnivel sino el frenético ritmo que el grupo de Nivel 3 impuso al resto del grupo. Aunque tuve que poner el turbo para poder llevar el ritmo de este grupo, siempre me llevaban un kilómetro de ventaja. Claro, que cuando la peña se pone a correr cuesta arriba hay no hay nada que hacer (sobre todo para mi maltrecho corazón que vuelve a repetirme, ¿Dónde carajo me has vuelto a meter?, peaso sieso).
Inmortalicemos algunos momentos de la jornada.
- Además de la dificultad técnica y el ritmo marine de la marcha, todo se complicó aún mas cuando perdí el boton de mi pantalón. Os puedo asegurar que no es náda cómodo subir una montaña con una mano en la bragueta para que no se me caigan por las rodillas. Finalmente, ajuste las correas de mi mochila a guisa de cinturón y pude salvar la jornada...
- Hubo algo peor que la ruta maratoniana que nos metimos. El Flipaó (por no decir otra cosa) que nos tocó en el asiento detrás y que no paró de decir tonterías durante las cuatro horas de autobús que nos metimos (dos horas por cada trayecto). Parece que tengo la virtud de rodearme de personajes en cada trayecto que realizo.
- Fue todo un acierto de Juan Costales llevarse el Pulsometro. Así pudimos sacar algunos datos científicos de nuestra marcha. Durante las seis horas y media de marcha, perdimos 2750 calorías (si corres durante toda una hora pierdes 950 calorías), alcanzamos las 185 pulsaciones de máximo (85% de nuestro umbral aeróbico) y 340 gramos de grasa iberíca...
1 comentario:
Me da a mi que 185 pulsaciones está más cerca del 90% que del 80%.
Date cuen que la fórmula de andar por casa es 220-edad.
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